Me llamo Sílvia y soy de Barcelona, aunque la vida y sus vueltas me llevaron a Chile por algunos años.Llegué al país andino tres días antes de uno de los mayores terremotos de la historia. Previo a ello tenía un plan que entre réplica y réplica se me fue escurriendo entre los dedos, aunque eso es agua de otro costal.
Fue un terremoto físico pero también emocional. Igual que un seísmo deja al descubierto los fundamentos de los edificios, un proceso de transformación requiere ir a la esencia y, después, escucharse, evolucionar y madurar. (Me encantaría poder decir que la frase es mía pero no es cierto. Estas letras me las regaló una de las personas importantes de mi vida). Chile en particular y Latinoamérica en general fueron un punto de inflexión y se convirtieron en una aventura imposible de rechazar.
Tras años vinculada a la moda y las producciones audiovisuales, la publicidad, la radio y el mundo académico, decidí escapar de las dinámicas aceleradas y priorizar lo importante, convirtiendo las conexiones en algo significativo. Siempre he creído en la transmisión de conocimientos de generaciones pasadas para que puedan ser objeto de estudio, disfrute y fuente de experiencias emotivas de generaciones futuras.
Las obras de nuestros creadores combinan técnicas ancestrales con diseños contemporáneos que van más allá de las tendencias pasajeras. Son colecciones hechas a mano por artistas de diversas disciplinas que trabajan en condiciones ecuánimes, por salarios justos, sin trabajo infantil ni forzado. Los objetos, como las personas que lo realizan, son únicos, irrepetibles y dueños de sus historias. Me siento honrada de poder transmitir sus relatos de vida.
Herencia es esencia, emoción e ilusión. Un proyecto a baja revolución que celebra la belleza de lo hecho a mano y lo imperfectamente perfecto.