La Etnia Eperara Siapiadara tiene una relación particular con la biosfera y el cosmos que los determina como una cultura única y llena de tradiciones mitológicas ancestrales.
La Etnia Eperara Siapiadara tiene una relación particular con la biosfera y el cosmos que los determina como una cultura única y llena de tradiciones mitológicas ancestrales.
Los indígenas Eperara conforman una comunidad matriarcal y sus saberes se transmiten desde el nacimiento. Son las niñas quienes los ejecutan desde temprana edad mediante la observación de sus madres y abuelas a partir de rituales muy importantes para el aprendizaje del tejer: En la madrugada, cuando la luna aún se asoma en el río, se bañan en sus aguas para estar en contacto con la ‘tachi nawe’ (máxima autoridad y líder espiritual) presentándose como sus alumnas.
La elaboración de canastos y sus tamaños se relacionan con el crecimiento de la mujer.
Cuando son niñas, hacen piezas pequeñas con tejidos sencillos que a medida que van creciendo se vuelven más elaborados.
Hoy en día la cestería es una importante opción económica para las mujeres, quienes hablan de la vida a través del lenguaje artesanal, compartiendo su riqueza cultural, extrapolándola a sus realidades cotidianas.
Existen cestos machos y cestas hembras y se diferencian por su forma abultada y redonda que alude a la fertilidad y embarazo, así como las formas rectas hacen referencia al hombre.
Los tejidos realizados con paja tetera, chocolatillo, yaré y potré, se inician por el centro y desde ahí se configura el cuadrado que simboliza los cuatro puntos cardinales.
El diálogo con flora y fauna es de suma importancia para poder plasmarlos en sus quehaceres artesanales.
Para realizar un canasto cuatro tetas, se tardan entre veinte y treinta días y los colores se obtienen de tintes naturales.
Los Eperara también se conocen como Pueblo Sia, aludiendo a su linaje proveniente de la caña agria.
Los hombres vienen de la palma y las mujeres de la madre Luna.
La actividad artesanal es primordial para la subsistencia de esta comunidad, por ello cuando llegaron los cultivos ilícitos de la planta de la coca, se vieron desplazados víctimas de las confrontaciones armadas.
El territorio es su madre. En ella viven, en ella producen y en ella forman su familia y crean su comunidad, su pueblo.
“La actividad artesanal es primordial para la subsistencia de esta comunidad, por ello cuando llegaron los cultivos ilícitos de la planta de la coca, se vieron desplazados víctimas de las confrontaciones armadas.”
Los teterales (así llaman a los cultivos de paja), desaparecieron a causa del conflicto territorial, obligándolos a suspender su actividad de sustento y buscar resguardo en otras zonas del país, con todo lo que ello significa.
Pese a la inestabilidad y la zozobra, años después la comunidad logró establecerse nuevamente volviendo a cultivar sus palmas a orillas del río pudiendo continuar con la belleza de su oficio milenario.