Defínete en tres frases.
Me considero una persona curiosa, enérgica, sin miedo a experimentar. Tengo alma emprendedora.
Me gusta inventar, proponer y arriesgarme a incursionar en lo desconocido.
Hiciste un viaje a Londres para estudiar un máster sobre moda en la prestigiosa Goldsmith, cuyo foco teórico-práctico giraba en torno a tres temas principales: sostenibilidad, sociología – narrativa y comunicaciones. ¿Qué supuso aquél viaje a nivel personal y profesional?
A nivel personal fue un viaje que planifiqué durante mucho tiempo.
Hasta lograrlo estuve varios años ‘juntando plata’ (ahorrando) y postulando para acceder a la universidad. Decidí hacer este viaje porque creía que la moda en Chile estaba estancada. Había mucha capacidad de hacer pero poca cabeza. Sabiendo que no iba a cambiar el mundo, quería dedicarme más a lo teórico que a lo práctico.
A nivel profesional di un giro de 180º a lo que estaba haciendo.
A parte de cambiar de práctica y pasar de hacer ropa a realizar alfombras, me abrió la cabeza a mirar la creatividad y lo artesanal desde otra perspectiva más crítica, más profesional, donde incursioné mucho más en el mundo del diseño y llegué a una práctica de hacer y pensar en el contexto del hacer más que solamente hacer, lo cual he seguido practicando hasta el día de hoy.
Ello me ha generado posibilidades distintas desde ser académica a crear alfombras pero también producir y gestionar actividades culturales que giran entorno al hacer.
Fue un cambio profundo en todos los sentidos.
¿Qué importancia tiene para ti la honestidad de las materias primas?
Para mi es primordial que la materia prima sea de calidad, que sea verdadera. Poder tocarla y saber que no estas tocando un plástico, que no está contribuyendo a la contaminación del mundo, que son cosas que pueden desaparecer en la tierra si el mundo se acaba.
Me parece también, que el hecho que las materias primas sean puras o nobles, hacen que los productos que uno realiza se mantengan en el tiempo y se puedan heredar, traspasar generaciones, durar.
Básicamente la durabilidad, pero al mismo tiempo lo fácil que podría desaparecer esa creación si es que a uno lo enterraran en la tierra. Esa dicotomía me parece bastante fascinante.
La calidad habla por sí sola cuando uno usa materias primas verdaderas, nobles, naturales.
¿Sustentabilidad como objetivo o como base de todo?
Creo que es un parámetro que no puede pasar inadvertido. Nadie hoy en día puede trabajar sin pensar en la sustentabilidad.
En particular, me pasa con las alfombras que hay un residuo que no logro saber qué hacer con él pero sí el resto de mis prácticas están muy sustentadas en ello.
en todo caso, las alfombras en concreto no generan mucha contaminación ya que son duraderas y gran parte de los materiales quedan directamente en la propia alfombra (ese residuo del cual hablo es un pequeño porcentaje de lana que se pierde cuando se recorta o cambia algún desperfecto, aunque es bastante marginal en comparación a la cantidad de materia prima que se usa).
En general, la sustentabilidad no es algo que yo busque sino que sucede en mi quehacer textil pero a nivel de otros proyectos que desarrollo sí me parece altamente relevante exponerlo. Por ejemplo, con mi práctica anterior (la moda) ahí sí soy más activista. Ahí sí creo que es algo imperante que suceda, que cambie.
La sustentabilidad hoy en día es una base. Un must.
Como investigadora textil has colaborado con artistas de diferentes disciplinas. El último proyecto en el que has participado, Desierto Circular, buscaba visibilizar la crisis medioambiental y el impacto de la industria de la moda pero también darle valor al deshecho como materia noble. Cuéntanos al respecto.
Este es un proyecto al cual me invitó a participar Lupe Gajardo (diseñadora de moda chilena), junto con la Municipalidad de Alto Hospicio y la Fundación Chile.
Para ello decidimos reunir a 25 mujeres de la comuna y capacitarlas técnicamente en costura. Les entregamos una máquina de coser a cada una.
A parte de esa capacitación, buscábamos generar una conciencia entorno a estos cerros de ropa abandonada que hay en el desierto con los que la comuna debe convivir (Alto Hospicio es un lugar donde la abundancia de ropa es escalofriante. Está en todas partes, es algo que no se puede dimensionar…).
En pos a esa conciencia de la materia prima que tenían disponible, no solo lo terrible que es sino todos los usos que le pueden dar a eso que está ahí como basura.
Generamos durante una semana una instalación de arte textil. Dos habitáculos gigantes hechos uno de jeans y otro de blusas, camisas, pantalones, etc. que montamos en el Centro Cultural de Alto Hospicio. También realizamos unos cojines de gran formato para los habitáculos hechos con jerséis. Después de reutilizar cuatro fardos completos, hasta el último botón, logramos generar ese impacto y ese cambio respecto a la perspectiva que se tenía sobre esa basura con posibilidades de emprendimiento para estas 25 mujeres.
La idea es poder repetir este proyecto en otros lugares de Chile y generar conciencia a nivel nacional.
También eres docente en universidades chilenas además de impartir cursos prácticos en tu taller. ¿Qué puedes contarnos de esta experiencia y qué papel ocupa actualmente la docencia. en tu profesión?
La docencia se ha transformado en algo bien importante a nivel profesional.
Jamás pensé que llegaría a hacer clases. Siendo estudiante nunca vi posible esa idea.
Al volver de Londres me planteé la opción. Me parecí importante poder compartir de alguna manera todos los concocimientos aprendidos ahí. Sobre todo porque mi idea inicial había sido irme para poder hacer algo entorno a la teoría y no solo a la práctica.
Me contrataron en el Campus Creativo de la Universidad Andrés Bello donde pude desarrollar varias clases, entre ellas una que aprendí en Goldsmith. Un lindo traspaso de información.
A medida que fue pasando el tiempo esto se transformó en algo cada vez más grande: alcancé a hacer clases hasta en tres instituciones distintas.
Hoy en día hay un cambio de vida importante que tiene que ver con eso, el cual no deja de lado mis otras prácticas. Voy a hacerme cargo del área de textiles de la nueva carrera de Oficios Creativos de la Universidad Católica de Temuco, por lo que sin querer, la docencia ha pasado a ser un pilar fundamental de mi vida profesional, lo cual me llena de ilusión.
Me entusiasma poder generar desde cero y ayudar a fundar una carrera nueva que ofrece demasiadas alternativas, sobre todo en el campo en el que yo me desenvuelvo.
¿Cuáles son tus referentes del diseño, del arte o la artesanía de todos los tiempos?
El universo de mis referentes empieza en las alfombras de Medio Oriente del 1700. Las alfombras de guerra fueron mis primeras alucinaciones en este mundo.
Me gusta mirar la naturaleza. Es un alto referente en mi trabajo. No solo cosas que ya existen hechas por el hombre y la mujer.
No hay que cerrarse a la opción que todo puede inspirar, enseñar o mostrarte algo que no hayas visto. Creo que el hecho de haber estudiado arte me ayudó a aprender a mirar de otra manera.
Busco y consumo mucha referencia. Miro todo el tiempo para mantenerme vigente.
¿Cuál sería tu banda sonora creativa? ¿La o las canciones que te motivan a ponerte en marcha en tu estudio o a concentrarte?
Me gusta trabajar en silencio. Es raro porque lo hago inconscientemente, me concentro mucho más. El silencio me hace bien.
Quizás yo soy una persona ruidosa personalmente, por lo que trabajar en silencio me funciona como compensación del ruido que yo misma emito.
Aunque siempre hay música agradable de escuchar.
Durante toda la pandemia escuché a Philip Glass mientras hacía telar, todo muy romántico.
Ahora me dejo sorprender por lo que Spotify me muestra y me ha llevado a lugares increíbles.